viernes, 15 de mayo de 2009

Cuando tengas 64 años...





Cuando envejezca y pierda mi cabello
dentro de muchos años
¿Aun me mandaras una tarjeta de San Valentín?
¿Felicitaciones por mi cumpleaños ,una botella de vino?
Si llegara a casa al cuarto para las 3 de la mañana.
¿Cerrarías la puerta con candado?
¿Aun me necesitaras, aun me alimentaras
cuando tenga 64?

Tu también serás mayor y si pronuncias la palabra
podría seguir a tu lado podría ser útil
arreglar un fusible cuando se vaya la luz
puedes tejer un suéter frente a la chimenea

Dar un paseo los domingos por la mañana
trabajar en el jardín sacar la mala hierba
¿Quien podría pedir mas?
¿Aun me necesitaras, aun me alimentaras
cuando tenga 64?

Cada verán podremos rentar una cabaña
en la isla de Wright si no cuesta demasiado caro
Nos apretaremos el cinturón
Nietos en tu regazo Vera, Chuck y Dave
Mandame una postal enviame una carta
con tu punto de vista indica precisamente
lo que quieres decir.
Sinceramente tuyo
envejeciendo
Dame tu respuesta
llena un formulario
mía para siempre.

¿Aun me necesitaras
aun me alimentaras
cuando tenga 64?
¡Ho!

Esta canción la grabó Paul MC Cartney, hace 39 años, Por el año 67.

Encontré un artículo de casualidad en google,

Del año 2005, donde dice que ya tenía 63 años.

No se si habrá cumplido algo de lo que dice la canción, si bien me gustan algunos temas de Los Beatles, no soy fanática y desconozco mucho de su historia. Tampoco se el significado de todas sus canciones, porque hasta dónde recuerdo las escuché en inglés, y no entiendo el idioma. Si reconozco más de una melodía, y para mi sorpresa la música de este tema me resulta familiar. Debo haberlo tarareado allá por mis 15 años con mis amigos, muchas veces. El marido de mi amiga de la infancia, era fanático de ellos y cada reunión que surgía se aseguraba de que Los Beatles estuvieran presentes.

Hace 39 años, vos tenías 22 y yo tenía13 años, y creo que a ninguno de los dos, la letra de esta canción podría habernos dicho nada,

Jaaaa, ¡cumplir 64 años! Naaaaaa , ni se pensaba. Sin ir más lejos, mis padres tenían 32 y 33 años y ya eran viejos (para mí).

Hoy estamos ahí de cerquita, vos más cerca que yo. Cumplir 64 años es algo que se piensa. No es una meta a largo plazo. Pero lo más revelador, en estos momentos, es que a pesar de todos los años que sumamos, ohhhhhhh milagro, no somos viejos.

Me voy a permitir parafrasear la letra de la canción.

Cuando envejezca y pierda mi cabello, (no cómo ahora,debido a la locura que transito) sino dentro de muchos años y por causa natural. ¿Me vas a mandar una tarjeta de cumpleaños? ¿O vamos a brindar en una de esas cenas cómplices, cómo las que tuvimos y me gustaron, por otro aniversario? ¿Te atreverás a regalarme otro ramito de flores de colores, las más sencillas, pero que expresaron todo?

¿Aún me necesitarás? ¿Aún me llevarás de la mano a cenar, cuando tengas 64 años?

Los dos seremos “mayores” y compartir una caminata, un película, una ducha o simplemente unos mates cebados, por más feos que fueran, (prometo poner empeño para que vayan mejorando) podría sernos, no digo útil, pero si placentero.

No es necesario que trabajemos un jardín en común, pero me haría muy feliz gozar de un jardín en común. ¿No sería lindo caminar una tarde por el Rosedal que fue cómplice de más de un encuentro? ¿O tirarle migas a los pajaritos de la Reserva un domingo a la mañana? ¿Quien podría pedir más?

Cada tanto rentar una cabaña, impregnada de olor a pasto húmedo en San Pedro. Si nos cuesta demasiado, nos apretamos el cinturón, ese que ninguno de los dos usamos. Y en medio de la tarde, despertando de una siesta, intercambiamos anécdotas de nuestros nietos, los que hoy están y de los que se vayan sumando hasta allí.

Mandame una señal, enviame un mensaje, con tu punto de vista, indica precisamente lo que quieres vivir. Dame una respuesta, si te parece necesario. No necesito que llenes formulario, “mío para siempre”, te pido simplemente que “hoy” te atrevas a soñar.

¿Vos crees que aún me alimentarás el cuerpo de sensaciones y el alma de emociones, cuando tengas 64 años? Yo creo firmemente, que cuando tengas 64 años, te voy a necesitar, voy a cruzar el puente, más de una vez para llegar a vos.

Pero sin ir muy lejos, porque para llegar hasta ahí, faltan aún comer muchos helados. ¿Y? ¿Que hacemos hasta entonces?

“deum loquimur, fugerit invida aetas: carpe diem, quam minimun credula postero”

(Mientras hablamos, huye el envidioso tiempo. Aprovecha el día, y no confíes en el mañana).

Carpe diem: arrancale pedacitos al tiempo, comete el tiempo a mordiscos. No dejes que el tiempo te quite tiempo. Ganale la partida y si querés invitame a ser tu cómplice y disfrutar del trofeo.

¿Te dije además, que te amo, hoy, ahora cuando todavía falta para los 64?

Besos, mi querido.

Esto lo escribí hace mucho, hoy puedo decir, que no solo fue parafrasear una canción,
también plasmé un sueño.

jueves, 14 de mayo de 2009

Dejo el puerto




Los troncos añejos del embarcadero

Por el que abordan los sentimientos,

languidecen arañados de tiempo,

padeciendo una niebla persistente.

Despojada de amarras, trenzadas de tabúes,

Que cercenaron derroteros,

Levanto velas.

Me incitan arcanos horizontes.

Meciéndome entre olas de esperanzas

Y espumosas de empeño,

Poco a poco me despojo del vértigo.

Un hálito se desprende de mi interior,

se mezcla con la corriente,

y puja apasionado, desvaneciendo límites.

Mi corazón, brújula adormecida,

despierta para el goce que adivina

y me guía con latidos optimistas,

hacia azules que se mezclan.

Y bajo un sol que se vierte imponente,

Que me asombra, con su abrazo envolvente.

Desnuda de recelos, me entrego,

a la fruición de su ardor,

penetrando mí esencia.

Me atiza.

Y avanzo descubriendo emociones,

Derrotando imposibles.

No me atemorizan rompientes,

Ni la tempestad que acecha,

Ni la noche que se anuncia,

matizada de sombrío y solitario intervalo.

Se, que en marejada febril o agua calma.

Mañana levaré velas nuevamente.

Ávida de orilla y sol complaciente.

Olvido.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Porque yo no?

No soy una mujer que sabe, apenas soy una mujer con sueños. Pero ya no sueño

Con espléndidos palacios y príncipes azules sobre caballos blancos, ni con varitas mágicas, que después de una lluvia de estrellas, cumplirán mis anhelos.

La madurez, ha logrado que comience a escuchar las enseñanzas que circulan por todo mi torrente sanguíneo y se posan tanto en mi corazón, cómo en mi cerebro.

Mi historia, no es todo color de rosa, cómo las historias inventadas.

Tiene capítulos de todos los colores. Algunos son desagradables, otros armoniosos, unos elegibles y otros descartables.

Rojo pasión, verde esperanza, azul ilusión, gris tristeza, negro fatal.

Me hago cargo de ella, la acepto, con todo su devaneo, confusión, afanes,

desaciertos, como toda mujer que no quiere mentirse a si misma.

Aunque muchas veces, no he sido yo misma por completo, me he desviado del sendero,

Permitiendo a los demás y a las circunstancias que modificaran algún color elegido.

En varias ocasiones; una canción, me ha evocado recuerdos; una película, ha hecho volar mi imaginación; un artículo, me inspiró o un libro, me hizo reflexionar.

En un mero intento, de estimularme a ir por más, pero sin lograr activar ese botón interno, que me motive de lleno a hacer realidad mis sueños, ha derrumbar esa pared de miedos que me aleja de nuevas experiencias.

Hoy, con ansias de modificar la actitud de vida, que no peca por mala, pero si por darle más espacio al “después” o “mañana”; en un ataque de autoayuda me he preguntado:

¿Cuánto tiempo voy a dedicarme a hacer realidad mis sueños?

Y en un proceder tan desconocido, cómo rebelde, me descubrí contestándome: “¡Tanto cómo sea necesario!”

La madurez, también me ha permitido saber que cada edad constituye una etapa y cada etapa vivida ha tenido sus características peculiares. Algunas determinadas por la educación recibida, otras por las experiencias precedentes, como los éxitos y los fracasos.

Pero que cada etapa es sólo una porción de todo lo maravilloso que puedo proponerme y permitirme, más allá de la edad que indique mi nacimiento, que no suele ser concordante con la de mi espíritu.

.

Si me place narrar mis vivencias, aún sabiendo que no tengo el respaldo de estudios que me habiliten a hacerlo. Y que en consecuencia, habrá más de un error gramatical.

¿Porqué no intentarlo?

¿Que o quien me ata a creer que a mi no se me esta permitido?

¿Porque no sacarme la mochila del miedo al ridículo y entregarme a la audacia de estos deseos?

Nada tengo que perder, porque nada espero.

Debo, entonces, actuar en consecuencia para lograrlo.

Modificar el resignado y lúgubre gris, del… ¿Porqué a mi no?

Por un rojo intenso, un verde esperanza y un azul ilusión que lo transforme en ¡Y…porque no! Que además de sonar positivo, se convierta en verdadero.

Leí por ahí que: “La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer,

alguien a quien amar y algo que esperar”

Pues, a hacer se a dicho, que para amar no faltan seres.

Y mi espera esta matizada de alegres colores.

Olvi.

Vieja con palito



Como cada fin de semana, mi nieto Adriel, de 13 años, se instaló en casa, es un hábito que fue adquirido hace ya tiempo, y que me permite, además de fortalecer nuestra relación, hacer derroche de mimos.

Hoy temprano, lo despedí en la puerta, besuqueo de por medio, y me quedé mirándolo, mientras caminaba con su paso característicamente pachorriento, rumbo al club, distante apenas dos cuadras de casa y dónde practica su deporte favorito, el básquet.

No es la primera vez y con seguridad, no será la última, que haga esto, cumpliendo mi rol de abuela, pero hoy fue cómo que me hice cargo de la situación.

¡Ay Dios mío, que grande esta este crío!

Fue algo así cómo en esas noches cuando se corta la electricidad y entre la penumbra de la escasa solución que aportan velas o linternas, sin música, TV o PC, te percatas de la importancia de la misma. Hasta ahí la usas sin pensarlo, sólo porque esta.

Cómo sucede con la luz, hice uso y abuso del tiempo casi sin darme cuenta.

Recordé de pronto una conversación que mantuve con Adriel, cuando apenas tenía cinco años, después de haber acudido cómo apoyo logístico, cuando su madre, desbastada de paciencia, censuraba con más gritos que razonamiento, una de sus travesuras.

Habiendo concluido el episodio, nos recostamos en un sillón, frente al televisor a disfrutar de los dibujitos animados. Adriel, después de unos minutos de silencio, adoptando una postura de hombre serio y comprometido, me dijo: -Abu, cuando vos seas viejita y yo sea grande, te voy a cuidar-

Mi corazón de abuela se derritió apenas terminar la frase y le respondí, con ternura: -Gracias mi amor, menos mal que te tengo a vos-

-Y si- , agregó, - porque vos ahora, me cuidas y me defendes, así que cuando vos andes con”palito”, yo te voy a cuidar-.

-¿Cómo con palito?-, pregunté extrañada. Y con gestos de entendido en la materia, contestó:-Con ese palito que usan los viejitos para caminar- (bastón).

Conteniendo la risa y recurriendo a mis dotes de actriz fracasada, para poner cara de terror, le digo -¡Ay, noooooo, por Dios, Adri no me digas eso!-

-Porqué abu?-

-Porque yo no quiero andar con bastón, no quiero ser asiiiiiii de viejita.

Ahí terminó la charla, porque obviamente los dibujos animados eran más entretenidos y acapararon su atención.

Pero evidentemente, debe haber llegado a la conclusión que le permitió su escasa edad, de que usar bastón era algo feo, malo o degradante; casi una mala palabra.

Tal es así, que cuando se enojaba conmigo, me decía

-¡Vos sos vieja con palito!- Usando la frase cómo la peor ofensa.

¡Mi Dios!... ¡Pero, si todo ha pasado cómo una ráfaga de viento!

Uff, me sentí un artefacto doméstico, tipo lavarropas o microondas, esos que los programas y tras vueltas y vueltas, hacen todo simplemente porque lo dice el programa.

Así, tal cual he procedido yo en mi vida, cumpliendo cada rol que se añadía, (hija, novia, esposa, madre, suegra, abuela)

con todo lo que ello implica, en tiempo completo y sin amortizar.

De acuerdo a lo estipulado, en las instrucciones del manual, heredado de generaciones pasadas, “Naciste Mujer”, con el que me programaron.

Y todo para bien o para mal sin reflexionar, sin reparar que la vida transita a pasos agigantados.

Agregué además a toda esa vorágine, el humilde soplido

de mis pulmones, para apagar las velas que sumaron décadas al mejor estilo “Robotina”.

Pensé sensatamente, en el transcurrir de “mi” tiempo y darle el valor que amerita, en los años que quedan por delante “sin palito” y en la diferencia de disfrutarlos haciendo todas las cosas que desee hacer y quedaron marginadas, pero que aún persisten en mi interior.

lunes, 11 de mayo de 2009

Añoranzas


Añoro gastar ladrillos, para dibujar rayuelas.

Los vestidos nuevos, confeccionados con telas viejas.

El aroma a café recién hecho que llegaba hasta la pieza.

Sutil y madrugador.

El guardapolvo impecable, blanco y de tablas tiesas.

Y las manos habilidosas que me peinaban las trenzas.

El interior del ropero despertando mi curiosidad.

Con esa mezcla curiosa de fotos amarillentas,

ropa prolijamente apilada, bolitas de naftalina

y algún recuerdo de España.

Los radioteatros románticos, que terminaban la siesta.

Y los días festivos de comidas criollas y mesas llenas.

Las noches estivales con fragancia a jardín recién regado.

Las sillas en la vereda y las charlas a oscuras.

Con consejos de pocas palabras, pero justas y certeras.

Añoro toda la infancia en la casa de la abuela.



















El Beso viajero



Detrás de los cristales, predominan matices de gris.

Gris sedentario, gris soledad, gris invierno.

Abrí la ventana, asomándome apenas.

Con todas mis fuerzas, arrojé un beso al exterior.

Lo abrigué con ternura y buenos deseos,

para que llegue a destino;

conservando la esencia de mi amor.

Pero, el viento; que además de hechicero,

suele ser celoso.

Agazapado detrás de unas nubes,

tan grandes cómo mi añoranza.

Lo retuvo.

-Esos ruidos… ¿Son truenos?

-¡No!... Es la risa del viento.

Ríe, muy socarrón, del beso viajero,

Que ha transformado.

Ríe, de la premura por seguir camino,

apenas lo liberó.

Querido mío: esa brisa suave,

que hoy tu rostro acarició.

Fue mi beso, transmutado, que al destinatario encontró.








La Guarda Pampa



En el poncho del indio se destaca claramente

Una guarda pampa.

Gurín o sendero de cruces escalonados.

Cada escalón de gurín simboliza el triunfo

del portador de la prenda; a mayor cantidad

de peldaños, más son los triunfos logrados,

dueños de muchas mujeres, tierras, caballos,

araucarias, es decir, su condición social.

También representa la escalera por la que suben

y bajan los espíritus protectores del lonco (jefe), quien

debe guiar a su pueblo.

Lo que nosotros denominamos,”guarda pampa”,

Entre los mapuches es reconocido por “guarda

del cacique”, pues sólo él, la llevaba bordeando

Su poncho.

Mapu=Tierra

Che=Gente

El pueblo mapuche, es originario de América del Sur. Se encuentra asentado desde sus orígenes, en la zona que hoy ocupa la zona central de Chile y las provincias argentinas de Neuquén, Río Negro y parte de Buenos Aires.